viernes, 1 de julio de 2016

La alegría que no llega.





El segundo semestre está en el horizonte. Camino dos pasos, él se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca lo alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve el segundo semestre? Para eso: para caminar.





El Gobierno llegó prometiendo bienestar y mejorar las condiciones de vida de toda la población, explicando que las conquistas de la etapa anterior iban a ser sólo un piso -que los K pretendían como techo para la sociedad argentina- y manifestando en campaña que tooodos los problemas tenían una sencilla solución: superar la obstinación ideológica y la impericia/improvisación del período político que lo precedió en la Casa Rosada. Macri (harto)publicitó tener El mejor equipo de los últimos 50 años” para encarar los asuntos pendientes de la Patria, a los cuales asignó una mínima dificultad, atribuyendo su existencia a las bondades de una banda de inútiles incapaces de realizar cuestiones elementales. Nos contaron, entonces y por ejemplo, que la inflación era una problemática sólo impulsada por la bestial emisión de la “fiesta” consumista del populismo K, por lo que reducirla era una pavada: bastaba cambiar despilfarro por “racionalidad” monetaria. De la misma manera, la economía estaba estancada -según Cambiemos, aunque los datos duros lo desmienten enfáticamente- durante el último período de gobierno de Cristina debido exclusivamente a dos cuestiones: la “asfixia” del intervencionismo K al aparato productivo nacional y el “aislamiento mundial”, guiado por una ceguera ideológica a partir de la cual -afirman- durante 12 años sólo tuvimos intercambios comerciales con Venezuela e Irán. Entonces, para resolver esta situación de limitación ideológica y crecer todo lo que nos frenaba la estructura económica-tributaria del kirchnerismo y exportar toodo lo que los K no querían que exportáramos, había que hacer algo muy sencillo: dejar de “oprimir” al sector privado y “abrirnos al mundo”. Nunca aparecía en estas afirmaciones el temita del contexto internacional en relación a demanda, economías estratégicas para el país y cotizaciones de mercado de nuestras principales exportaciones. El único factor, siempre, era la desidia de la gente que estaba en la Casa Rosada. 





Se podría abundar en ejemplos, dado que Cambiemos se postuló para el gobierno con un festival de zonceras -como tales, fácilmente refutables- que hasta el día de hoy repite, como si siguiera en campaña, amplificado fenomenalmente por la inmensa mayoría de formadores de opinión pública, pero lo concreto es que la ciudadanía los eligió y uno les exige que den una rápida respuesta a los problemas, ya que antes de ser Gobierno dijeron que tenían las soluciones mágicas para todo.



¿Cuál ha sido el resultado, entonces, de la aplicación de este compendio de ágiles remedios por parte de El Gerente y su equipazo? Sólo agravar los aspectos negativos de la economía nacional y la estructura social argentina (más déficit, menos producción PYME, más pobreza, más desempleo y empleo precario, etc.).






Entonces, frente al fracaso expuesto del -viejo y con nula experiencia histórica positiva- prospecto para la mejora (ajuste; ahora también llamado “austericidio”), y ante un presente acuciante, aparece este velado homenaje al maestro Galeano (en paz descanse, compañero), en su popularización de un concepto vertido por el cineasta santafesino Fernando Birri: la figura del segundo semestre como referencia del arribo de la prosperidad futura, a costa del padecimiento actual. Una creación notable de este Gobierno gerundio, que frente al pedido de atención de realidades complejas presentes contesta con un “Estamos trabajando en eso” y similares. Lejos del cuco populista, que brindaba respuestas pero era criticado porque no así/no de esa manera/no de esa forma/no con esos modos/yo lo hubiera hecho distinto/podrían haber sido más prolijos/podrían haberlo hecho antes, etc.















Apenas iniciada la revolución de la alegría, conocimos una serie de casos resonantes (salvo para la inmensa maraña desinformadora que posibilitó el arribo de la CEOcracia al gobierno, claro) en los cuales el cambio tuvo que ver con la vida. Es que, como dijo alguien, la política es algo demasiado importante como para dejarla en manos de impresentables, como lamentablemente sucedió el 22 de noviembre.






Como bien señala en una contratapa Sandra Russo, podemos tomar algunos casos como síntesis de lo que implica la salvaje restauración conservadora en curso para la calidad de vida de la mayoría ciudadana. Los casos de Melisa Bogarín, Yolanda Mercedes y Esteban Latorre merecen ser descriptos en el contexto del arribo de la tristeza, a partir de la insensibilidad social que nos gobierna. La crónica de Sandra es impecable describiendo las primeras dos situaciones (trabajadora precarizada ProHuerta despedida y auxiliar docente con paro cardíaco a raíz de salvaje e injusto descuento). El caso de la Biblioteca Nacional que ella menciona al final es el de Esteban Latorre: un trabajador que estando en uso de licencia por intervención coronaria fue notificado del despido. Su vida terminó luego de ir a la BN a reclamar por semejante manejo inhumano, le dijeron que iba a continuar la relación laboral, pero su corazón no soportó la angustia de quien en cuestión de instantes pasa a perder el sustento familiar, con la denigración instalada pavorosamente por el Gobierno, hablando de que despedían “ñoquis”, gente que no trabajaba, “Empleo de baja calidad”.


Era diciembre, y el arrogante Ministro de Hacienda nos contaba a todos y todas que gracias a las brillantes medidas de la CEOcracia iban a llover inversiones y la economía iba a despegar en la segunda mitad del año, con bocha de creación de empleo, proliferación de arcoíris y multiplicación de abrazos. Lo concreto es que la bonanza no venía asomando y el mismísimo presidente Mau tuvo que salir a abrir el paraguas, prorrogando la bajada de recursos a las masas, aclarándonos que -en realidad- el derrame para quienes no somos Rocca, Pagani, Magnetto o Ratazzi va a venir en el segundo semestre de 2017. Está bien, y no nos mintieron: jamás aclararon de qué año se trataba.







Parece que gestionar esta cosa llamada Argentina es un poquitín más complejo que el compendio de simplismos solucionadores de todos los males, que recitaron mientras no eran Gobierno. Es que, en rigor, para mejorarle la vida a la gente no alcanza con frases de autoayuda, ni mensajes esperanzadores, ni buenas intenciones. Se necesita algo que a los peronistas (extensivo a todo militante de la oscura demagogia populista) nos gusta mucho y que no tiene nada que ver con la bonanza largoplacista que siempre prometen los gobiernos “serios”: REALIDAD EFECTIVA.



Y es que, apenas iniciada la actual gestión, pudieron observarse nítidamente medidas con idéntica intensidad: muy favorables para la cúspide de la pirámide, e inversamente proporcionales para la mayoría ciudadana nacional. Resulta imprescindible poner énfasis en algo obvio: la esperanza no le llena la panza ni le mejora la vida a nadie.







Y la reflexión ante el panorama es bastante sencilla: el reality de la excavadora, casos puntuales de corrupción -con una llamativa puesta en escena mediática- y el festival de la mano de obra desocupada de la exSIDE (que no necesitan cantar “Vamos a volver”, porque están tirando paredes con Cambiemos) vía Comodoro Py no le incrementan el poder adquisitivo a la población, ni le devuelven el trabajo, ni la posibilidad de construir, consumir, viajar y avanzar en su calidad de vida.






Por eso es que uno siente que hay una obscena subestimación de la sociedad, pero no sorprende tratándose de una banda de gerentes que jamás pasó necesidades, ni osa ponerse en el lugar de los sectores vulnerables, y por eso maneja el destino de millones de personas como un Excel más. A la angustia por la pérdida del empleo y la imposibilidad de afrontar el pago de tarifas de servicios públicos y alimentos no la resuelve un Libro Negro de la Tercera Tiranía, aunque así lo crea este Gobierno del marketing y el focus group, con la caridad como bandera. Cambiamos DERECHOS por BENEFICENCIA.












¿Alguien quería este cambio de las puteadas por la espectacularidad de un programa de televisión de los domingos, a las puteadas en la empresa que distribuye gas o electricidad, factura en mano? ¿A alguien, acaso, le parecen razonables aumentos del orden del 400% frente a incrementos salariales -promedio- del 30%? ¿Que se considere por igual a regiones y situaciones sociales ampliamente desiguales? ¿Ése es el remedio para qué cosa?








¿Algún empresario PYME habrá creído que el paraíso de la -supuesta- “apertura al mundo” iba a expandirle el mercado?



A un padre catamarqueño tampoco le llegó la alegría, cuando tuvo que enfrentar la dramática situación de no poder enviar a su hijo al colegio, a partir de la abrupta caída de la construcción. Esta realidad económica, ¿fue magia? Claro que no.




El mejor equipo de los últimos 50 años tampoco parece estar manejando con mucha pericia -o exhiben un profundo cinismo al hablar de querer industria y (des)administrar- el comercio exterior, bajo el contundente argumento de que “no pudieron abrir el pen drive” que les dejó el Gobierno anterior. Se nota que los técnicos que llegaron en lugar de los sucios políticos populistas estaban (y están) preparadísimos.




En otra muestra más de ese rosario de agnotología que desarrollaron tan efectiva y prolíficamente, se llenaron la boca hablando del déficit descontrolado y la necesidad de poner “equilibrio” en las cuentas públicas, y pretenden reducir ese margen -que dibujaron desde el principio- quitándole recursos a la economía. Ese razonamiento se riñe no con la política, sino con la lógica; además de toda la historia económica universal, claro. Si a un comercio o industria le baja la demanda y al mismo tiempo le incrementan exorbitantemente los costos fijos (gas/luz/combustible), ¿qué esperan que ocurra? Entonces, si se contrae la actividad comercial y productiva nacional, ¿cómo se va a reducir el déficit? Acá hay algo muy (bastante) elemental: si se mueve menos la economía, hay menos recaudación. Si baja la recaudación abruptamente, aunque bajes gastos, lo que hacés es incrementar el déficit, que era justamente lo que dijiste que venías a solucionar. Es decir, el mejor equipo de los últimos 100 semestres lo que viene logrando exitosamente es obtener el efecto inverso al anunciado y pretendido con sus medidas. Un conjunto de profesionales y técnicos con una eficiencia nacional bastante particular, sin dudas.










Hablaron de “Campaña del miedo” para desviar el foco, y lo único que se avisora en los hechos es una profundización del actual escenario recesivo generado a partir de las decisiones políticas de Macri. Ojalá tengan la capacidad de reflexionar, con el ojo (y el corazón) en la calle y revisen el conjunto de medidas que han sido y son sumamente regresivas para la inmensa mayoría nacional. Ojalá hagan un ejercicio de la autocrítica que tantas veces le exigieron al Gobierno anterior y de la cual se asumen practicantes, para modificar el rumbo descendente que nos vienen haciendo atravesar a los argentinos, con la promesa -bestial tomada de pelo- de la luz al final del túnel.








Nadie los obligó a postularse para gobernar, ni lo hicieron para otro país. Dijeron que sabían cómo mejorar todo y que era facilísimo. Ok. Háganse cargo y dejen el pucherito ante las exigencias ciudadanas de que den respuestas efectivas ante los inconvenientes. Asuman la tamaña responsabilidad con que los honró el pueblo argentino. La paciencia no es infinita, y el -elevado- piso social que dejó la pesada herencia no es eterno. Ni fue magia aquel bienestar -con cuestiones pendientes, por supuesto-, ni es magia el actual escenario de empeoramiento de todos los indicadores sociales, productivos y económicos.














Hay una deliberada intención de favorecer a un sector minoritario (poderoso, y de la misma pertenencia social del Gobierno), en detrimento del resto (con menor capacidad de lobby, y poblacionalmente mayoritario). Por más que quieran vender sensibilidad social, con medidas como la tarifa social -con requisitos insólitos e inaccesibles-, lo que expresa la praxis política de un Gobierno son los hechos. Lo fundamental son las acciones y cómo impactan en la realidad, no las declamaciones. Durán Barba no le llena la panza a nadie, ni reduce la cantidad de personas que en estos meses vienen colapsando todos los comedores y merenderos del país. Marcos Peña con su call center de 140 caracteres, tampoco.







Ojalá no lleguemos a ver una escena semejante a la que tuvimos en otra etapa de nuestra historia reciente, con un presidente que -luego del fracaso de las mismas recetas mágicas, anunciadas como “Buenas noticias”, que ahora está aplicando Cambiemos- sólo apeló a “Algún milagro” para que nuestro país pudiera revertir el ciclo negativo. Ante la derrota electoral, nuestro candidato imploró porque a Macri lo iluminara Dios. Uno no aspira a tanto. Con que algún asesor le avise que el país es bastante más que la cúspide de la pirámide y la General Paz, alcanza. La magia no existe. Ni para reconstruir entramados sociales, ni para destrozarlos. Ni para reimpulsar el tejido industrial y productivo, ni para disolverlo. Como dijo alguien: es la política, pavotes. La tecnocracia con sensibilidad social bajo cero no alegra al pueblo argentino.






PD: para leer algo en serio, D’addario.

5 comentarios:

  1. Tuve que releer partes porque había cosas que sinceramente, no recordaba.
    Tanto humo pasó bajo el puente, ¿no?


    Tiene que venir otro 2003-2015 para recuperar el daño nacional en apenas 6 meses.
    Excelente reseña Ignacio.

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  2. Gran laburo Ignacio. Felicitaciones

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  3. Extraordinario y documentado análisis. Un abrazo!

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