miércoles, 22 de octubre de 2014

Seguro que no (La responsable del delito).





Si no tenemos cuidado, los medios de comunicación harán que acabemos odiando a los oprimidos y amando a los opresores.


Esta sencilla frase de Malcolm X ilustra a la perfección el proceso cultural que atraviesa a nuestras sociedades, en momentos en los que el capitalismo más salvaje cruje y sumerge a millones de personas en la pobreza.

Hace pocos días apareció el cuerpo de Luciano Arruga, un pibe de Lomas del Mirador que hace más de 5 años se negó a ser cooptado por la lógica mafiosa de la Bonaerense, en su –deleznable y habitual- práctica consistente en apretar a jóvenes humildes y generarles las condiciones (zonas liberadas, armas, etc.) para que salgan a delinquir para ellos. Ellos, que se autogobiernan. Ellos, que son observados por un vasto sector de la sociedad como la salvación a la ilegalidad urbana (léase inseguridad), en contraposición con los sectores de menores recursos económicos, que SI son el peligro que atenta contra la existencia y la vida placentera.

La pregunta es bastante simple: ¿alguien vió/escuchó/leyó alguna opinión renombrada en los medios de comunicación acerca de la necesidad de poner fin al –nefasto- autogobierno de las fuerzas de seguridad? ¿Clamar por una democratización de las fuerzas de seguridad? ¿Por más control cívico? ¿Por la segregación y las profundas consecuencias sociales de Policías con estructuras corruptas y sin una –imprescindible- conducción de la política? ¿A nadie le llama la atención que las cárceles estén repletas de jóvenes pobres sin condena, aún? ¿Por qué la muerte de un pibe pobre siempre aparece ligada de un “pero” absolutorio, asumiendo una hipótesis delictiva que motivó la fatalidad? ¿Cuántas legítimas defensas no son tales?

Será que existe un sistema que necesita contar con un sector excluido y estigmatizado, para explotarlo y desviar el foco. La película “Elefante blanco”, por ejemplo, muestra eso: las villas son lugares invivibles, repletos de delincuencia y drogas. El villero, por ende y según esta particular visión, es un potencial enemigo. Entonces, si es un potencial enemigo –por las dudas- habría que fulminarlo. Eso afirman. Eso piensan. Y eso es lo que genera la tolerancia (y apoyo, por omisión de repudio) de una considerable porción de la ciudadanía a los abusos policiales, al gatillo fácil, a la sistemática violencia institucional y violación a los derechos humanos del sector menos favorecido de la sociedad.

¿Cuáles son los resultados de estas metodologías? ¿Hay algún país del mundo que con represión ilegal y exclusión social haya reducido sus niveles de violencia urbana? ¿Cómo se pretende, acaso, que mire a la sociedad un joven que desde que tiene uso de razón ha visto cómo le cerraban la puerta en las narices y lo condenaban al olvido? ¿Por qué se habla tanto de “mano dura” y no de “inclusión social” y “democratización de las fuerzas de seguridad”?
           
El sector que reclama por el fin del delito es –casi siempre- el mismo que se pasa los días bastardeando las políticas públicas sociales, y omite señalar la causa principal de ese flagelo: la DESIGUALDAD. Desigualdad en el trato recibido por las fuerzas de seguridad (con abusos y violaciones a los derechos humanos que son intolerables) y en relación a las posibilidades materiales (nacer condenados a un entorno de marginalidad, con una situación de extrema vulnerabilidad). He aquí la crucialidad de un Estado activo, con una fuerte intervención para lograr inclusión social, que todas las personas tengan OPORTUNIDADES de progresar, de educarse, de contar con salud y vivienda, etc. Por eso es que resulta curioso que la militancia de la inseguridad (léase “la gente”) muchas veces sea quien se pasa los días precarizando laboralmente y viendo cómo evadir impuestos, al mismo tiempo de reclamar por el cese del delito y que “el Gobierno haga algo”. Bueno, una forma de combatir la pobreza es hacerse cargo de las obligaciones que a cada uno como ciudadanos nos caben y exigirle al Estado más inclusión y una profunda reforma que democratice las fuerzas de seguridad, no más balas contra los oprimidos de siempre.


*Publicado en noviembre de 2014 en Generación.